jueves, 6 de agosto de 2009

Beata
DOLORES R. SOPEÑA
(Continuación)
Llaman al leproso y al borde del camino hablan con él. Le aportan un calor humano del que hace años se ha visto privado, le manifiestan el respeto y la consideración debidos a toda criatura por ser hija de Dios y le consuelan de su sufrimiento recordándole que otra vida sin dolor ni enfermedad nos espera al lado del Padre.

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